Las huellas de la historia

El Camín Real de la Mesa, vía histórica de acceso a Asturias desde la Meseta, posee un óptimo trazado por lo alto de un cordal, que va descendiendo gradualmente desde las altas cumbres de la Cordillera Cantábrica hasta Grado, en el corazón de Asturias. Se configura como una espina dorsal en torno a la que se articula un amplio territorio, tributario de las dos grandes cuencas fluviales de Asturias: la del Nalón hacia el Este, y la del Narcea hacia el Oeste.

Este territorio, situado en el espacio centro-occidental de Asturias, de abrupto e intrincado relieve, con altitudes que en escasos kilómetros descienden desde los 2.417 hasta los 100 metros, con una tupida red de pequeños ríos que definen una sucesión interminable de valles y vallinas, atesora espacios naturales de una extraordinaria belleza que merecieron el título de Reserva de la Biosfera, otorgado al Parque Natural de Somiedo en el año 2000.

En la comarca del Camín Real de la Mesa habita una riquísima fauna, entre la que destaca el oso pardo cantábrico, el lobo, el urogallo, jabalí, ciervo, rebeco… La presencia de la nutria, el desmán, y el salmón atlántico es garantía del buen estado de los cauces fluviales donde habitan.

A esto hay que unir la acción del hombre durante milenios: roturando las vegas, abriendo el monte para crear pastos infinitos en las brañas, conformando un paisaje humanizado, salpicado de pequeñas aldeas que a veces parecen detenidas en el tiempo.

Y los hitos de la Historia, que a cada paso nos ofrecen pequeñas joyas que nos muestran que esto fue, en efecto, un rincón de Europa: arte paleolítico, dólmenes, castros de la Edad del Hierro, minería aurífera y villas romanas, iglesias Prerrománicas del Reino de Asturias, arte románico, torres y murallas medievales, palacios barrocos y arquitectura “indiana” …